Amanda Tovalin

Estos tiempos pt.2

Hasta ahora, mis días de cuarentena se dividen en dos: los buenos y los estresantes. Hay días en los seguidores te hacen saber por sus comentarios  y likes que tus creaciones los reconfortan al otro lado de la pantalla y eso resulta muy valioso y motivante. Entonces yo, como otros artistas, trabajo sin parar y me vuelvo multifacética. Posteo contenido específico para cada red. En twitter me vuelvo análitica y sarcástica; en Instagram, fotógrafa con perspectivas muy profundas y al mismo tiempo trato de ser ligera y simpática; en Youtube hago malabares con videos de bajo presupuesto pero alta calidad; en Facebook, de todo un poco.   Veo tutoriales todos los días, aprendo de difusión, marketing, artes visuales, edición de video, diseño de postales, ilustración… etc. Todo mientras procuro estudiar mis consideradas “tres horas obligatorias” en mi instrumento musical.

Solo hace falta organizarse, postear sin parar y esperar que alguno de tantos contenidos genere conexión con la gente y se viralice.  Cuando eso pasa te sientes bien porque sabes que no estás solo: hay alguien del otro lado de la red que cree en lo que haces y quizá, en un tiempo de necesidad te apoye a seguir generando música. Estos son los días buenos de arduo pero reconfortante trabajo.

  Hay otros días en donde la quietud suple al bullicio de lo que solía ser el trajín diario y con ella viene el estrés de la incertidumbre. Ves tu agenda vacía  por el resto del año y recuerdas qué bonito era verla llena de eventos chiquitos, grandes y algunos muy significativos porque ibas a tocar en algún lugar especial o un festival al que tenías años queriendo participar. No importa lo que publiques, casi no obtienes respuesta de los seguidores. 

Piensas:  “¿Acaso ayer fui más simpática y ocurrente?… Quizá debí haber editado mejor el video… quizá deba más tomar cursos… “ , etc. 

Como se mencionó antes, hay una sobreoferta de miles de músicos que igualmente están luchando por figurar, aunque sea unos segundos, en el imaginario colectivo. Algunos saben editar, otros tienen dinero para pagarle a alguien para que lo haga y están los terceros, que no tienen dinero y deben aprender a mejorar sus contenidos para subsistir en estos días.  

La edición de videos y audio no es algo que se aprenda en la escuela de música pero resulta imprescindible para los músicos si desean tener material competitivo para subir a sus redes sociales. Lo malo es que todo esto se suma a la gran lista de actividades y poco tiempo libre de los músicos independientes, ya de porsi acostumbrados a la autoexplotación, que ahora  en cuarentena se ahogan en cursos online gratuitos, creación de obras originales y postulaciones a apoyos, además de  las horas de estudio, brindar cuidados a sus familias y rutinas personales.

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